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Las Comparaciones

Las comparaciones son odiosas

Vivimos en tiempos en los que la imagen ha cobrado una importancia notable. Todos, de alguna manera u otra, nos hemos convertido en fotógrafos, estilistas y agentes de marketing de nuestras vidas y pensamientos. Nuestros posts, unos más humildes y otros menos, pintan una imagen diluida de nuestras vidas y felicidad. 

 

Cuerpos idílicos, cutis de bebé, carcajadas forzadas y miradas perdidas en el horizonte son, mayoría de las veces, otra manera de fabricar una felicidad de cartón, de escaparate. ¿Cómo saber diferenciar entre lo auténtico y el montaje? ¿Cómo ayudar a los adolescentes a ver la línea de separación?

 

La mayoría, espero, entendemos que las redes tampoco están allí para colgar una foto poco favorecedora o para airear nuestros problemas y penas cotidianos. Desafortunadamente, las personas vemos a través de lentes distintas, y los adolescentes todavía no han desarrollado bien las suyas.  Por ello, es casi lógico que se comparen tanto con los demás y se acomplejen por no tener dientes blancos Ariel, físicos esculpidos y el éxito y popularidad que tanto añoran.

 

No me malinterpretéis. A mí me encantan las redes sociales y me han aportado mucho. De hecho, me han dado la posibilidad de seguir apoyando y ayudando a mis alumnos y de trabajar sobre habilidades que priman hoy en día. Sin embargo, opino que debemos de hablar más sobre esta nueva realidad y cultivar la autoestima para que no peligre ante las comparaciones potencialmente peligrosas y casi inevitables.